Con el final de agosto, Ibiza comienza a transformar su vibrante ambiente veraniego. En localidades como Vila y Platja d'en Bossa, septiembre trae un descenso en el número de turistas, quienes presentan un perfil más adulto y sosegado. A pesar de las opiniones encontradas sobre la temporada estival, el papel de los cruceros sigue siendo crucial para el comercio local, especialmente en tiendas de souvenirs que dependen de estos visitantes para su facturación.
En La Marina, Alejandra de la tienda Sa Font y Muna de souvenirs Muna, coinciden en que la llegada de turistas a través de cruceros ha permitido mantener la actividad, aunque no siempre generando el gasto deseado. Muna destaca que más del 50% de su facturación se debe a los cruceristas. Por su parte, Joan Serra, de Autos Es Canar, señala que la temporada sigue un patrón similar al de años anteriores con un cambio perceptible en el tipo de visitante. La educación y tranquilidad caracterizan a este nuevo turista, reduciendo la afluencia, pero aumentando la calidad de las interacciones.
Negocios como el supermercado Migjorn y el restaurante Únic perciben positivamente este cambio, observando una clientela más fiel y educada. Sin embargo, en el bar y restaurante Zanzíbar, Carol destaca que el efecto de las discotecas, con sus elevados precios, desvía el gasto turístico hacia ellas y deja poco para el comercio local. Según Carol, los turistas de mayor poder adquisitivo prefieren disfrutar de yates y discotecas de alta gama en lugar de pasear por la zona.
En conclusión, septiembre representa un periodo de transición para Ibiza que, aunque con menos visitantes, continúa dependiendo de los cruceros para mantener su economía activa, moderando las experiencias turísticas hacia un enfoque más adulto y tranquilo.




